Domingo 18 de Agosto
AFIN | Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional

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Volver a crecer, por Gonzalo Prialé

Desde hace meses el ruido político es muy fuerte, como si en el país se hubiera implantado la lógica chavista de la confrontación, con insultos de grueso calibre, provocaciones y reacciones equivalentes, en un mar de denuncias de corrupción. Inevitablemente, el ruido político llegó a dañar el clima de inversión.

Pese a que el BCR y el MEF mantienen las líneas centrales del modelo de desarrollo basado en la inversión privada y el mercado, la recatafila de escándalos políticos resultó desestabilizante para el propio gobierno y su gabinete, y terminó enfriando las decisiones de inversión de las pequeñas y medianas empresas peruanas, que representan el 80% de la inversión privada. A esto se suma la parálisis de la inversión pública en regiones y gobiernos locales, originada por el cambio de autoridades electas en octubre pasado y los escándalos de corrupción en algunos gobiernos subnacionales salientes.

La política ha desbordado a la economía, y la desaceleración económica parece imparable, porque sin inversión no hay crecimiento. En este contexto, la designación del nuevo gabinete es controversial, agrega incertidumbre mientras no se cuente con el voto de confianza del Congreso.

Los grandes inversionistas tienen su perspectiva de los acontecimientos, están aquí para quedarse, invierten a largo plazo, en un horizonte de décadas, y se podría pensar que una crisis ministerial no es para tanto, que es un episodio, pero siete gabinetes en menos de cuatro años de gobierno es demasiado. Y las trabas a las inversiones por la temible permisología no se logran superar.

Los ministros a veces no consiguen que sus funcionarios asuman su rol y tomen decisiones pendientes hace años. Es como si tuvieran un frente interno que no logran controlar. Algunos funcionarios claves ven a los ministros como aves de paso, más aún si se cambian los gabinetes a cada rato. Por otra parte, el ambientalismo ha penetrado y lastrado al Estado a partir del Ministerio del Ambiente, por eso es frecuente que proyectos mineros con estudios aprobados vuelvan a fojas cero y empiecen a verse de nuevo, mientras el Estado se pone de perfil.

¿Es posible esperar cordura de los políticos? Claro que sí. Ha llegado el momento de serenarse y poner al país por delante.

Pedro Cateriano puede, sin duda, encontrar la fórmula para recuperar el ritmo de crecimiento económico y la confianza de los inversionistas. La oposición haría mal en no apoyar este esfuerzo. El nuevo primer ministro no necesita debates políticos que terminan en insultos, tiene el reto de presentar al Congreso medidas que generen un shock de confianza para terminar con la desaceleración de la economía e impulsar el inicio de obras en grandes proyectos de infraestructura y minería.

Algunas medidas urgentes para impulsar la inversión privada en infraestructura serían: poner en marcha la autorización única que entregaría el concedente al concesionario contra una garantía bancaria de cumplimiento de requisitos, y control ex post, lo que permitiría iniciar pronto obras en proyectos de asociaciones público-privadas (APP) adjudicados por más de $15,000 millones; autorizar nuevas herramientas varias, para completar las expropiaciones, que son la supertraba que atrasa los grandes proyectos; anunciar un programa de mediano plazo de adjudicaciones de APP e iniciativas privadas cofinanciadas (IPC) a cinco años para darle horizonte de continuidad a los inversionistas y atraer más postores a los concursos de ProInversión; hacer un esfuerzo especial para resolver las adendas pendientes, que han detenido en algunos casos por más de cinco años el avance de grandes obras de APP, sobre todo en transportes.

Si prevalecen los enfrentamientos, y en consecuencia el nuevo gabinete no obtiene la confianza del Congreso y este es disuelto, entraríamos a una fase de crisis política medio caótica, que conduciría al país cuesta abajo, con crecimiento económico tendiendo a cero este año, y a menos que cero el 2016, año electoral. Un pésimo resultado que el país no se merece. 

 

Fuente: Diario Correo